Imaginación on Board

Me divierte, sin igual, el juego de miradas netamente sexuales cuando estoy arriba de algún transporte.
Me gusta imaginar que es una película, que antes de bajarse me da un papel con su número: “Mariano, 1140246024” entonces yo lo llamo y después de algunos días de charlar de la facultad y del laburo, y de su perro y de mi conejo y de la nueva serie de moda y del clima (exactamente después de esa conversación de mierda acerca del clima) nos vamos a tomar un café cerca de alguna estación y antes de despedirnos pasamos por un hotel y por un rato fingimos que es amor y nos decimos chau con un beso en la mejilla.
Pensé que iba a volar así cuando te vi subir al colectivo, y me sonreíste cuando saqué los ojos de mi libro para devolverte la mirada.
Eras lindo Julián (quiero pensar que te llamas Julián, tenías cara de Julián)
Tenías ojos bien redondos y marrones, linda boca también. Estabas bastante prolijo, aunque con cara de cansado, seguro que trabajas en una oficina, una de esas en las que hay que verse bien y reírse de los chistes del jefe.
Me gustó tu nariz respingada y justo ahí cuando quise definir si tus mejillas eran rosas o anaranjadas te llevaste el celular a la cara y lo vi, terminaste con mi diversión.
Tenías un anillo, el anillo y eras joven, muy joven.
¿Por qué te casaste antes de los 35? O ¿Por qué te casaste? ¿Qué tenías en la cabeza? ¿Qué tiene en la cabeza la gente en que se casa?
Ya no era divertido mirarte, era preocupante, eras un misterio, en mi cabeza no tenía ningún estereotipo para usar. Si estás casado seguro que estás feliz y que la persona que está casada con vos también (quiero creer que son ese tipo de personas) seguro es linda y buena y tiene pelo largo y bien peinado y ojos celestes y pestañas curvas.
¿Por qué me miras? ¿No sos feliz? ¿Extrañas estar soltero?
Y me rompiste la deducción cuándo mostraste los dientes (muy lindos, muy blancos) Y entonces asumo que te reíste de mi cara perpleja y con la mano te tapaste la boca y lo vi de nuevo y estábamos en frente y pude ver que tu anillo no era el de la mano del pecado del matrimonio, era de la otra.
Me acordé de Carolina, mi maestra de primer grado que decía que si estamos cara a cara con una persona los lados de sus extremidades son contrarios a los nuestros.
Vos Julián tenías el anillo en la derecha, así que ya dejas de ser algo mundano y puedo volver a imaginarte y puedo soñar despierta lo que me queda en este viaje pero eso es una pena porque ya me tenga que bajar y que ya nunca te rías con los dientes así y que no podamos disfrutar un café o una birra, vos sos más para una birra y para hablar y para que me lleves a la puerta de mi casa y me des un beso en la mejilla y nada más, ahora que sé que sos vos confío en que hubiéramos sido distintos, quizás hasta reales.
Hasta nunca, mon amour.

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