Marlboro

No es tan malo dolernos.
No te voy a decir que no extraño los Marlboro (y menos un día como hoy).
No te voy a decir que ya no miro tus fotos (porque seguís en mis “búsquedas recientes”).
No te puedo decir que volví a escuchar a mi banda preferida (porque también es tu banda preferida) o a tomar café macchiato.
Hace como un año que no le pongo caramelo al café. Era parte del proceso de curarme que a veces, entre otros cuerpos, me convenzo de que terminó, de que ya estoy bien. De que ya no duele. Pero no. Todavía duele y un montón.
Ojo eh, ahora duele distinto. Ahora duele en el vacío. Y yo sé que a veces te duelo. Te duelo en el orden y la cama bien hecha. Te duelo en la heladera sin cerveza. Te duelo en la comida con poca sal.
No es tan malo dolernos igual. Yo escribía una bocha cada vez que me encontraba sin vos y escribí tanto que terminé degustándome en mi nueva versión.
Escuché que estuviste viajando y sacaste fotos lindas, tan lindas que te ganaste un premio y que alguien ocupó mi lugar del abrazo principal.
Y así y todo, me dedicaste el galardón. Sé que siempre vamos a ser nuestra mejor historia. Sé que siempre vas a estar en mi podio. Sé que con barba de tres días o dos semanas se me va a parar el corazón si te veo y por eso, en alguna mecánica retorcida del sobrevivir, siempre que salgo espero no cruzarte.
Por no patinar en un piso de fuego. Por no retroceder mil casilleros.
Por eso.
Por eso es que no es tan malo dolernos.

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