Paraguas

Hoy me compré un paraguas por primera vez desde que rompí el que tenía a los seis años, ese rojo con animalitos dibujados. Lo enganché en un poste de luz cuando jugaba a ser Mary Poppins. Mamá se enojó y nunca más tuve uno. Hasta ahora. Fue como traicionarme un poco porque siempre fui amiga de los techitos, pero hoy tenía una entrevista y si caía empapada iba a quedar mal.

Es amarillo como el de la chica en esa película que te encanta. Si me contratan el próximo mes me compro el piloto para hacer juego. Las botas si me parecen un exceso, pero ¿Quién sabe? Dicen que este año va a ser muy lluvioso.

Es una pena que no estés cerca. Cuando paró la lluvia fui a la terraza a colgar la ropa y por un minuto me distraje con los colores del cielo. Estaba tan perfecto que casi lo veo lindo. Pero no. Me dieron ganas de comer chocolate y de cruzar la 9 de Julio sin mirar. Me dieron ganas de no dejar la cama nunca más. De tomar todas las tazas de té. Es que no tenerte cerca se parece al frío, ese que te cala los huesos.Ese que no te deja mover.Ese que no te deja ser. No te estoy culpando de ser responsable de todos mis males, pero eras una excusa divina. Eras tapar el sol con un pulgar. El alivio en el tórax después de llorar un domingo. Una toalla tibia. Cuando estabas menos lejos la lluvia no molestaba y el paracetamol era un adorno en la mesita de luz. Pero ahora. Ahora me compré un paraguas.

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