París

Paris huele a vos.
A veces me gustaría que no fuera así.
A veces sería más fácil si no te hubiera conocido, fácil como “París huele a pis”.
Pero te conocí, y oles a esperanzas y sueños y todo lo que Disney alguna vez me mostró. Y ahora también París huele así.
Cuando conozco a alguien que me gusta, imagino secuencias de cómo nuestro futuro va a ser, también me imagino el final, porque en el fondo sé que siempre termina.
Pero cuando te vi por primera vez tuve la sensación de estar en frente del presente.
Mi doctor dice que cuando me siento deprimida es porque estoy muy pegada al pasado y que cada vez que tengo un episodio de ansiedad es porque tengo demasiado miedo de mi futuro.
Cuando estoy con vos me siento como estar en Hawaii. Sí, cuando bailamos abajo de la lluvia con menos un grado en la parada de Place de Clichy también.
Siento que no hay nada de qué preocuparme porque estoy besando el ahora y nada más.

Estamos agarrándonos las mano sin idealización, pero con la seguridad de que estoy siendo abrazada por el hoy, y sin embargo, la ansiedad siempre tiene una manera para alejarme de este cuento de hadas y me persigue hasta que me ahogo en un agujero dónde no sé si alguna vez te voy a ver de nuevo.
La depresión me presta un cuarto en su departo sobre la Avenida Andate a la Mierda y yo me quedo sentada en el piso de la cocina deseando nunca haber sabido que gusto tenía la paz.

Dejame que te explique:

Cuando no me gusta mi presente y quiero decir, que no me gusta al punto de querer dejar de estar, que es cuando me convierto en un robot de carne y hueso en modo automático, tiendo a pensar en el futuro, hago planes tan perfectos como imposibles como existir en primavera sin alergias. Me imagino un acantilado donde puedo saltar porque antes de aplastarme contra el piso un avión me agarra y me lleva a un lugar seguro, a un “presente agradable”.

No quiero decir que le daría la vuelta al mundo en sesenta y nueve días para estar con vos por un par de horas (pero lo haría).

Cuando dijiste que los desconocidos pueden ser agradablemente impredecibles, nunca pensé que se iba a sentir como saltar del Himalaya sin paracaídas y aterrizar en la Torre Eiffel en un colchón de globos con forma de corazón y vino Rosé.

#CheesyAsFuck

Por el contrario, arranco el día, con mi realidad, como puedo, tratando de encontrar formas de evitar que nuestro “Nos vemos pronto” sea otra frase armada y sin sentido y cago a trompadas a mis monstruos con tu último mensaje de buenas noches, esperando que no sea el último.

Sé cómo suena, pero cuando trato de calmarme, termino siendo un caso perdido y prefiero tener la peor de las muertes en la historia del teatro a que pienses que sólo significas un recuerdo o que te olvidé.

Al mismo tiempo, es seguro para mí creer que si vos no estás acá, por lo menos, París siempre va a ser la representación constante de lo que alguna vez fue un lugar indestructible.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *