Una Buena Vez

Hace unos días que no paro de pensar en vos, ¿Sabés?
Estaba en terapia y le conté a la psicóloga de mi miedo de no verte más. Me dijo que se llamaba extrañar y me recomendó que dejara de parafrasear sentimientos para que pueda pasar por el duelo de una “buena vez”.
Me descolocó su positivismo; asumir que no estás no va a tener nada de bueno.
Todavía me pongo feliz cuando estoy entrando al edificio y, en nuestro pasillo, antes de abrir la puerta, huelo tu salsa. Claro que sólo dura unos segundos hasta que me doy cuenta de que a esa salsa le faltan condimentos, y entonces me acuerdo de que ya no hay fideos con tuco, ni colillas de tabaco en ceniceros improvisados, ni nudos en mi pelo, ni nada.
Ahora hay nada.
Es difícil ¿Sabés? Porque por un tiempo se sintió como si hubiera todo. Vos eras el lugar más completo.
Y no me cierra como asumir que no estás de una “buena vez” puede parecer una idea viable.
No hay buena vez para dejarte pasar.
¿Cómo le explicas a un nene que ya no puede dormir con su mantita?
¿Le decís que creció? ¿Que es hora de madurar?
Ojo eh, por ahí le decís eso y se lo toma mejor que yo.
Hoy no fui a terapia porque sigo un poco enojada y en vez de una copa puse dos.
Y en vez de una frazada usé una remera tuya y me pude dormir de una buena vez.

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